martes, 23 de agosto de 2011

Carta al niño Jesús

Querido niño Jesús, ante todo gracias por todas las cosas buenas que pasaron este año, si lo puedes mejorar el que viene seria genial. Pero tranquilo no necesito ni más ni menos, lo que me has dado y lo que tengo es suficiente para ser feliz y lograr las cosas que deseo.

No es mi costumbre pedirte cosas, todas ellas son superfluas y no satisfacen mi espíritu, sin embargo tengo el atrevimiento de pedir por los demás, ya sabes, que el mundo sea más justo, la gente más humilde y llena de vida, mas alegrías y menos tristeza, amor en los hogares, las familias y en los corazones, salud para la naturaleza y para nosotros los humanos.

¿Sabes que es lo que más me inquieta? La destrucción de tu perfección. Sí, la naturaleza muerta de Cezane está más viva que la tierra que pisamos todos los días. El mundo se está acabando, el calentamiento global está alterando nuestro clima y derritiendo polos, existen muchísimas especies en extinción, se han perdido los valores morales y éticos, la delincuencia, las drogas, las peleas entre los países, en fin, tú sabes. Todo el mundo está patas arriba.

Cada vez que agradezco lo hago por los hermosos paisajes que cautivaron mis ojos, los atardeceres que proyectaron la mejor película para la mejor cita, los aromas que erizaron mi piel, por la ternura de mi perro, por la inocencia de los niños, por dejarme vivir en este mundo lleno de maravillas creadas por tu padre y que tratas de conservar con fe en nuestros corazones.

Pues mi deseo es que mantengas lo que siempre ha existido y extingas lo que daña lo vivo. Elimina las drogas que matan la inocencia, elimina las guerras que terminan nuestras vidas, elimina la contaminación que ensucia el aire, elimina todo lo malo y deja lo bueno. Creo que hablo por muchos al decir que queremos un mundo sano para nuestros hijos y para nosotros que seremos padres.

No creo en el equilibrio entre lo malo y lo bueno, es así como en el amor: o amas o no amas, o vives o mueres. Pero lo cierto es que mi corazón cada vez late más lento y se desesperan mis deseos y sentimientos. Colapsan al ver y sentir el suicidio de los sueños.

Y aunque la imaginación es infinita, la mía está cansada de recrear el mundo perfecto y llora, por no poder correr libremente en tus campos. Yo y unos pocos no podemos arreglarlo, hacemos lo que podemos, pero tú sí puedes. Arregla lo que está dañado, para que todo vuelva a sus rieles.

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